martes, 7 de septiembre de 2010

200 años de negocios en México


Hace un mes estuve revisando los documentos “La formación de los economistas en América Latina” y “La enseñanza de la economía en México” ambos estudios publicados durante 2009 por el Banco Interamericano de Desarrollo.

El tema no es menor. Según el estudio “Los cambios de la elite del poder en México” publicado por el Instituto de Investigaciones Matemáticas de la UNAM; desde hace 28 años, como mínimo veintisiete de cada cien puestos en el llamado Gabinete Ampliado (secretarías, subsecretarías, empresas paraestatales, y organismos de regulación gubernamental) han sido cubiertos por economistas formados inicialmente en México, aun cuando el 32% de estos funcionarios cursaron posteriormente estudios de posgrado fuera del país.

Durante el sexenio del Dr. Ernesto Zedillo el 45% de los miembros del gabinete fueron economistas.

Quise tener una panorámica, y saber con precisión, a detalle, cuales son las teorías y los enfoques que terminan construyendo el paradigma ideológico-profesional de estos economistas, quienes han dirigido y dirigen el aparato gubernamental federal.

Vale leer estos estudios. Es notorio, por ejemplo que todos los programas utilizan los mismos textos de cabecera, digamos Dornbusch, Mankiw, Romer, Sachs, Varian, Friedman, Wooldridge. Se extrañaría, por ejemplo, a Amartya Sen, a Dani Rodrik, a Kahneman, a Elinor Ostrom, a Douglass North, a Buchanan, o al propio Krugman.

Pero bueno… en una licenciatura de cuatro años resulta imposible retacar de lecturas al estudiante promedio. También, me llamó la atención que, salvo el ITAM (22%) y la UNAM (38%) la generalidad de los programas de estudios dediquen menos del 20% de su currículo al estudio de la Historia Económica.

A quien le interese revisarlos, los tres estudios están disponibles en Internet. Y aunque ya me eche media columna, quiero escribir también acerca de un documento que será ya consulta obligada respecto a la historia económica; mejor dicho, sobre la verdadera historia de los negocios en México.

Me refiero a la próxima edición especial de Expansión: “200 años de negocios en México” Una publicación de aniversario donde el equipo editorial de mi querida amiga Bárbara Anderson, Directora General de CNN-Expansión, hace un magnifico recuento de las empresas, de los empresarios, y de los 100 libros de economía y negocios más relevantes en este bicentenario.

Muy orgulloso estoy de ver reconocidas en esta publicación a dos empresas laguneras de clase mundial: LALA y Peñoles.

A un gran empresario, de los forjadores de nuestra región: Don Juan F. Brittingham.

Y entre los libros de consulta obligada, tres textos del Doctor Mario Cerutti, a quien recordamos haciendo mancuerna aquí en la Ibero Torreón con el Doctor Sergio Antonio Corona Páez, en el pasado Congreso de Historia Económica.

(Publicado en La Opinión Milenio. Domingo 05 de Septiembre de 2010)

Hoy Mexicana de Aviación


Tomada mientras hacíamos el carreteo.
Cortesía de A. Burillo

lunes, 30 de agosto de 2010

Unir los puntos


En 2005 Steve Jobs dio una conferencia en la Universidad de Stanford. Ahí, ante jóvenes ansiosos por escuchar recomendaciones para volverse multimillonarios y visiblemente dispuestos a sonsacarle algunas claves para fundar empresas de la talla de Apple y de Pixar; Jobs únicamente hablo sobre la educación.

Y utilizó una frase: “Unir los puntos” Explicándoles que ningún conocimiento sobra, pues todo lo que aprendemos terminará siéndonos útil o divertido.

Ejemplificaba diciendo que durante sus años universitarios inscribió un curso de caligrafía sin preguntarse alguna vez ¿Y esto para que servirá en mi futuro? Gracias a ello, afirmó, la Macintosh pudo ser la primera computadora con tipografías bellas.

Por supuesto solo existe un Steve Jobs, pero todos hemos sentido eso de unir los puntos. Vamos conversando, escuchando, y leyendo sobre muchas cosas, y repentinamente entendemos, encontramos sentido y significado.

Compartiré un ejemplo reciente derivado de mi ocio, (por cierto, ocio significa el tiempo necesario para la recreación, para la reinvención; a diferencia de ociosidad que es no tener algo que hacer)

Bueno, bueno. Stop. Rebobino el rollo, y vuelvo a empezar. Reinicio ahora sin definiciones no pedidas, y sin introducir precauciones ante eventuales acusaciones de cursilería, madurez nostálgica, o memoria selectiva.

A propósito de la muerte de Roberto Cantoral, hace algunos días escuche en youtube a José José cantar “El Triste”, en el Festival de la Canción Latina edición 1970. ¡Qué bárbaro! Potentes cuerdas vocales que impresionaban a cualquiera.

Luego recordé que Rafael Pérez Gay, (no confundir con Rafael Pérez Botija) en su libro “Nada es para siempre” inventa o recrea el episodio de un cuarentón quien durante una borrachera, debate con sus sobrinos adolescentes sobre los gustos musicales inter-generacionales, y cuando se siente ya perdido, sin argumentos, termina amenazando con obligarles a escuchar completo el doble disco de oro del Príncipe de la Canción.

También Monsiváis, (quien sabemos habló y escribió de todo) en una entrevista que le hacen a propósito del seminario “Cultura popular y cultura masiva en el México contemporáneo” afirmó:

“Para que alguien pueda considerarse estrella en México necesita no depender de la televisión. Que su público no se forme a partir de la televisión. Llenar palenques, estadios, cabarets, allí donde se presente. José José no depende de la televisión”

Después acudo a José Joaquín Blanco, quien en su libro “Un chavo bien helado” escribió:

“No se entiende la vida urbana de México durante los últimos quince años, ni la mentalidad de dos o tres generaciones, sin la voz de José José. Probablemente no fue el primero de los cantantes románticos que acabaron con la inocencia… José José empezó a cantarle ya no a la novia popotitos, sino a una — ¡oh!— amante… Entre la bragueta y el corazón no debía existir conflicto. Aunque la poesía siempre sabe que una y otro frecuentemente siguen caminos diversos, en la utopía sentimental el corazón manda, el sexo obedece, y la música pone todo en inmarcesible armonía”

Ya entrado, (quiero decir inmerso) me pongo a leer de la editorial Cal y Arena, el libro “Y sin embargo yo te amaba” una compilación donde doce escritores de la talla de Guillermo Fadanelli, Eduardo Antonio Parra, y Luis Miguel Aguilar, lúdicamente construyen una narrativa alrededor de también una docena de canciones ineludibles de José José. Será, La nave del olvido, Me basta, Volcán, Gavilán o Paloma. Lo pasado, pasado. Una mañana.

Y para quien desee convertir esta lectura en una experiencia multimedia, vale intercalar, sin pudor alguno, la escucha del doble disco de oro del Príncipe de la Canción.

(Publicado en La Opinión Milenio. Domingo 29 de Agosto de 2010)

Modelos, pero de negocios


Muchas son las frases que me gustan de Peter Drucker. Pero mi favorita es la siguiente: “Un negocio es una teoría cuya validación únicamente puede ser la rentabilidad”

Dentro de la jerga de la administración es común escuchar “Modelo de Negocio”. Quiero dedicar estas líneas a algunas reflexiones sobre dicha frase.

Un negocio es un intercambio de valor, donde las partes concurren voluntariamente porque perciben que lo que obtienen es más valioso que lo que entregan. Una teoría o modelo de negocio es la respuesta que el empresario da a la siguiente pregunta: ¿Qué valor voy a intercambiar, de tal manera que lo que entregue sea percibido como más valioso que lo que estoy recibiendo, y lo que reciba tenga para mí más valor que lo que estoy entregando?

Para realizar el negocio en forma recurrente, económica y escalable, se crea una empresa. Este sistema, llamado empresa, es orgánico en cuanto a que solamente se explica por sus funciones de crear un valor (innovación) y crear un cliente para intercambiar dicho valor (comercialización).

Los negocios no son eternos, y se deterioran cuando:

Son copiados: La estrategia de negocio ha perdido su sello único. Las ventajas competitivas han sido imitadas, las barreras de entrada para nuevos jugadores han disminuido o desaparecido, la rivalidad entre los competidores actuales está erosionado los márgenes de ganancia para todas las empresas, muchas intercambian el mismo valor de la misma forma.

Son sustituidos: Surge un nuevo modelo de negocios que sustituye al anterior, este nuevo modelo intercambia un mejor valor de una manera diferente, existen discontinuidades sociales, técnicas o económicas que hicieron irrelevante el antiguo modelo de negocios.

Se agotan: Los mercados se saturan, la demografía y la ideología extinguen el valor que tradicionalmente se intercambiaba.

Se vacían: Un modelo de negocio se vacía cuando el poder de negociación del cliente hace desdeñable el margen para la empresa. En este escenario, cada punto de eficiencia económica que logró la empresa tiene que ser trasladado de inmediato al cliente, sin ningún beneficio para ella.

Todos los modelos de negocio se deterioran, por lo tanto, la supervivencia de la empresa depende de la eficacia con que ésta opere un modelo de negocio pertinente en el entorno, de la velocidad con que perciba los nuevos entornos y de la capacidad que tenga para adaptarse ventajosamente a ellos.

Antes, algunos modelos de negocio dependían exclusivamente de las asimetrías de información entre sus participantes. Ahora, la interconexión que proporciona Internet, ha convertido a la información en una mercancía genérica, eliminando asimetrías.

Otros modelos de negocios estaban basados en la rentabilidad que resultaba de arbitrar imperfecciones en la disponibilidad de recursos dentro de mercados locales. La disminución en el costo relativo de transporte y acceso ha reducido las oportunidades y márgenes de arbitraje.

Cuando la información es ya una mercancía genérica, el conocimiento adquiere más valor, en especial porque la parte física de un producto o servicio es sólo el vehículo donde se “transporta” el valor que proporciona el mismo.

(Publicado en La Opinión Milenio. Domingo 22 de Agosto 2010)

domingo, 15 de agosto de 2010

Emprendedores de malos negocios


Mi principal actividad profesional es ser consejero de empresas y empresarios. Por ello tengo también contactos con personas que emprenden o que desean emprender.

Con frecuencia me preguntan cómo poder reconocer un mal negocio. Existen negocios que aun haciéndolos con la mejor disciplina administrativa y con toneladas de liderazgo nunca entregarán utilidades.

Escribo aquí un decálogo para reconocer negocios poco atractivos.

1.- Existen muchos competidores con capacidad instalada subutilizada. Cuando existen muchos oferentes del mismo producto para el mismo mercado suelen desatarse guerras de precios. Los competidores más poderosos están dispuestos a operar temporalmente incluso con pérdidas para orillar a los pequeños a salir.

2.- Los proveedores son escasos. Si existen pocas opciones de abastecimiento, el negocio emprendido podría convertirse en un mostrador mas del proveedor. Un ejemplo son las gasolineras, solo tienen un proveedor: Pemex, quien les dicta sus márgenes unitarios de ganancia. Afortunadamente los gasolineros han entendido que su negocio también es rentar espacios comerciales inmobiliarios.

3.- El periodo de recuperación de efectivo es largo. Existen negocios que entre más venden, más dinero necesitan. Sus dueños necesitan tener un bolsillo amplio. Lo contrario sería un negocio cuyas ventas son al contado, y cuyas compras son a consignación. Es una maquina de generar efectivo.

4.- Los clientes están muy concentrados. El negocio tendrá menos riesgo y mas poder de negociación hacia el mercado entre mas diversificada su cartera de clientes. Depender de uno o pocos clientes es peligroso.

5.- El negocio vende perecederos propios con demanda cíclica. Un negocio así necesita altos márgenes, y tendrá que operar con inventarios de alta rotación, de lo contrario la utilidad se queda en el almacén de productos invendibles.

6.- Un negocio que fabrica para ver si vende. Quien tiene un negocio de fabricación, pero no es dueño de un mercado suele enfrentar altibajos depredadores de efectivo, sobre todo si sus costos fijos son elevados.

7.- Un negocio pequeño que requiera arrendar instalaciones caras. El ejemplo seria la tienda de regalos que se ubica en un centro comercial famoso, a veces su dolor de cabeza es pagar la renta del local.

8.- Un negocio cuya ventaja competitiva depende de una habilidad que el propietario no tiene. Aquí el ejemplo es el del restaurante cuyo atractivo es el chef francés. Si el propietario no es el chef, tendrá que compartir generosamente las ganancias.

9.- Un negocio que únicamente funcionará si el dueño lo atiende. Puede ser un buen negocio, pero como las personas no somos ubicuas, el negocio llegará hasta donde el propietario puede mantenerse insomne.

10.- El negocio que está de moda poner. Si está de moda, pronto habrá muchos competidores.

(Publicado en La Opinión Milenio. Domingo 15 de Agosto 2010)

domingo, 8 de agosto de 2010

Torreón está de película



La idea estuvo rondándome durante dos semanas. A partir de esta frase escrita por la Maestra Laura Orellana Trinidad en su texto periodístico del pasado 24 de Julio: “El proyecto contemplaría cuestiones como patrimonio e identidad, iconicidad, y simbolismo. Habló de que en Torreón no tenemos edificios representativos, como los tienen en otras ciudades, un lugar para tomarse la foto”

Ya he comentado en esta columna sobre el patrimonio, el imaginario, y la identidad de Torreón. Por supuesto haciendo referencia a los libros de Corona Páez, Muñoz Vargas, Ramos Salas, Salinas Uribe, Castañón Cuadros, Carlos Velázquez, y otros estudiosos del tema.

Pero me he quedado pensativo sobre el simbolismo arquitectónico, sobre la iconicidad de Torreón. Mejor dicho: sobre sus carencias.

Como Laura, opino también que a nuestra ciudad le hace mucha falta tener, y promover ambiciosamente, ese preciso lugar donde digamos, algún visitante extranjero se tome la foto, para que al mostrarla a sus amigos como recuerdo de viaje; ellos puedan exclamar con la mayor certidumbre: ¡Estuviste en Torreón!

Pero como cualquier dedo flamígero acostumbro mejor apuntarlo hacia los destinos de mi curiosidad, me puse a investigar algo llamado ciudades icono. Si, esas ciudades inconfundibles, cuyos lugares y edificios son re-conocidos mundialmente, incluso por quienes no los han visitado.

En el libro “Ciudades del Cine” de Hellman y Weber-Hof. Editado por Océano y con prologo del cineasta Wim Wenders. (Buena Vista Social Club. Paris-Texas. Tan lejos, tan cerca) las autoras nos llevan por 18 ciudades que han sido el elemento central, el personaje ineludible, en un total de 76 películas.

Chicago: Los almacenes Marshall Field, donde Cameron Díaz y Julia Roberts almuerzan en “La boda de mi mejor amigo”. El Chicago Theather, donde Al Capone, (Robert de Niro) se da la gran vida, al tiempo que es acechado por Eliot Ness (Kevin Costner) en “Los Intocables”.

Roma: La Fuente de Trevi en La Dolce Vita. Sophia Loren, Gina Lollobrigida, Vittorio de Sica, Luchino Visconti, Federico Fellini, Marcelo Mastroianni. Vía Véneto. El Coliseo, Ben-Hur, y Quo Vadis?

La Habana: El mirador en el barrio de Casablanca, y la heladería Coppelia, donde Diego, el artista gay, y David, el estudiante, se conocen para “Fresa y Chocolate”. Y así, Berlín, Nueva York, Praga, Londres, Paris, Los Ángeles, Sídney, Las Vegas. Ciudades reconocibles, inconfundibles todas.

Sigo investigando, y hace dos años, en las rejas de Chapultepec estuvo la muestra fotográfica “El DF y su identidad cinematográfica” 130 fotografías de escenarios conocidos, iconos urbanos, y personajes entrañables. De películas como: Perfume de violetas, Amores perros, El callejón de los milagros, Rojo amanecer, Sexo, pudor y lagrimas, Cilantro y perejil, Mecánica nacional.

Para rematar, leo en CNN-Expansión el reportaje: “La magia del cine es el imán que atrae turismo a las ciudades” Donde Jay Boyar, crítico internacional y autor del libro “Films to Go. 100 Memorable Movies for Travelers” afirma que existe una correlación positiva entre las ciudades con identidad cinematográfica, y la cuantiosa derrama económica que por concepto de turismo reciben.

En fin. Torreón, nuestra ciudad, nunca ha sido protagonista en alguna película o largometraje de gran alcance, de incuestionable proyección internacional. Busqué en Google. Más allá de una producción estudiantil, y un video en Youtube que no abrí porque intencionalmente nunca consumo nota roja, encontré nada. Si alguien puede hacer el favor y corregirme, hágalo. Me encantaría estar equivocado.

(Publicado en La Opinión Milenio. Domingo 08 de Agosto 2010)

miércoles, 4 de agosto de 2010

El túnel del túnel


No, no se trata de plagiar la cabeza de José Joaquín Blanco. A mediados de los años ochenta lo leí por vez primera. Un Chavo Bien Helado, y Función de Medianoche; ambos libros en edición económica, muy baratos, de esa serie llamada “Lecturas Mexicanas” que la Dirección General del Publicaciones y Medios de la SEP vendía incluso afuera de las estaciones del Metro.

Tantos han escrito sobre la Ciudad de México. Así, a vuelo de pájaro, recuerdo la elegancia de Fuentes, la onda de José Agustín, la crónica de Poniatowska, la ironía de Monsiváis, y al antro-nauta Xavier Velasco.

Pero Blanco… Blanco siempre me ha parecido que escribe para el desaliento. Para esa resignación agridulce que provoca un amor que se sabe que tal vez no, pero se espera que tal vez si, tenga compostura.

Disculpe el lector este ejemplo; como si en plena boda, una tía de esas imprudentotas, tan claridosa como cariñosa; gritara con entusiasmo a la novia: ¡Hija, te ves tan hermosa con tu vestido! ¡Ojala y se te quite lo puta! Lo mismo le ha dicho Blanco a la ciudad, al país entero.

Pues bien, cargué con dichos libros en este viaje. Porque quise re-leerlos tal como ahora mismo lo hago, viendo El Ángel de la Independencia desde el piso diez del María Isabel.

Confieso que estoy empecinado, que me he obsequiado un permiso para encontrar alguna alegría intima, personalísima, con este llamado Bicentenario.

Y no. No es un optimismo ramplón que contradiga a mis queridos, realistas, y siempre bien enterados amigos. Sean ellos de izquierdas, de derechas, intelectuales, traileros, políticos, periodistas, empresarios, profesores, publicistas, banqueros, o boxeadores, (Esto ya parece letra de la Sonora Santanera). Cargo, como ellos, también tristeza, temor, y mucho coraje.

Hace ya muchos años, me dijo mi padre que conforme fuera creciendo me daría cuenta de que la felicidad tendría que ver más con mi voluntad, que con mis circunstancias.

Le creí, y le sigo creyendo.

Aquí, estos días, intento que mi hijo Heriberto no se quede únicamente con la idea de que su país es solo el de los atrasos, el de los narcos y de los sicarios, el de las matanzas, el del desempleo, el de la corrupción, el de la falta de oportunidades.

Estoy mostrándole nuestra Bandera en el Zócalo, Palacio Nacional, Bellas Artes, Chapultepec, El Museo de Antropología, El Estadio Azteca, La Biblioteca de C.U. El Metro, La Torre Latinoamericana, La del Caballito, La de Pemex, El Monumento a la Revolución, El Ángel.

No sé, intento decirle que tenemos historia, que sí hemos hecho cosas de las cuales podemos estar orgullosos. Que nos quedan los valores y la valentía. Que si ahuyentamos el derrotismo, tendremos un futuro como país.

No quiero que él sienta lo que yo cuando releo los párrafos que escribió el gran José Joaquín hace ya 25 años:

“En el principio era una fecha: 1968. Los jóvenes se encontraron entonces con la súbita novedad de que el país era un desastre, que no podía estar peor. Varias generaciones habían crecido en una atmósfera de ira y resignación… Desde 1968 se habló de la crisis y de cómo salir de ella. En los años ochenta debimos aprender que "lo peor" y la crisis no siempre tocan fondo, que hay lo-peor-de-lo-peor y la-crisis-de-la-crisis.”

“Pero no hay un mañana que soñar. La inconformidad carece de proyectos: sencillamente denuncia, vitupera, estalla. Pareciera que en lo más oscuro del túnel no empieza a vislumbrarse luz alguna, sino más túnel… No es la primera vez en la historia nacional que después del túnel hay más túnel, y más túnel; por el contrario, las primaveras optimistas resultan excepcionales, breves y débiles. La hosca continuidad de la desesperanza, del cinismo, del pragmatismo bronco, del estancamiento civil. La ciega cultura del miedo”


(Publicado en La Opinión Milenio. Domingo 01 de Agosto 2010)

lunes, 26 de julio de 2010

México de Noche


Más o menos son dieciséis. Digo, se hizo lugar común que neurobiólogos, sicólogos cognitivos, pedagogos, terapistas de parejas, mercadólogos, y uno que otro astrólogo, anuncien que los humanos tenemos varios (tipos de) cerebros.

Uno reptílico instintivo, otro masculino en el hemisferio derecho, uno femenino en el hemisferio izquierdo, un cerebro córtex racional, uno analítico que ve solo arboles, otro sistémico que sí ve el bosque; y hasta uno supuestamente conectado “en línea directa con las revelaciones cósmicas”.

Además diversas inteligencias: la inteligencia emocional, la interpersonal, la introspectiva, la social, la kinestésica, la inteligencia intuitiva; y así, hasta la llamada inteligencia ecológica.

Claro que estoy bromeando, pero el recuento lo hago después de darle una revisitada a los textos de Kahneman, de Gardner, de Hughlings, de Ariely, de Goleman, de Lindstroom, de Gladwell; y ya entrado en el cotorreo, hasta a los de ese autor quien aseguraba que algunos somos de Marte, y otras son de Venus.

Resulta que cada autor lleva agua al molino de su especialidad, y que la multiplicidad de cerebros e inteligencias es solo una manera accesible para explicar mediante compartimientos ficticios algo de suyo tan complejo.

Pero, ¿Por qué estoy escribiendo esto?

Ya me acorde: porque esta columna no tiene un hilo deductivo, de lo general a lo particular. Tampoco inductivo, del árbol al bosque. Es abductiva. Con indolencia (prima aristócrata de la simple flojera) brincoteo por algunos temas, al tiempo que escucho México de Noche del gran Bebu Silvetti, con el Mariachi Vargas de Tecalitlan

Dice Gilles Lipovetsky en su libro La Era del Vacio:

“Por otra parte el posmodernismo, lejos de exacerbar las exclusiones y engendrar el sectarismo, tiene efectos inversos, la personalización desmantela los antagonismos rígidos. El laxismo sustituye al moralismo y al purismo”

Cierro la cita, y me acuerdo de Bernardo Bertolucci, de su Último Tango en Paris. Un verdadero tratado sobre la soledad, la desesperación, la necesidad, y el fuerte vínculo basado en el sexo anónimo: María Schneider, y Marlon Brando en la cima de su carrera.

Gabriel Careaga en su libro Mitos de la Clase Media en México, afirma: “En los próximos años, dentro de la sociedad mexicana de clases, la vida será dura y conflictiva entre sus miembros en busca de poder, prestigio, o trabajo; ya que la competencia y el arribismo darán origen a una lucha sin cuartel; la ambición, la simulación, y el cinismo serán tales, que no se detendrán ante nada para conseguir sus propósitos”

Aquí traigo también a la ficción hoy superada por la angustiante realidad. Al Tony Montana de Brian de Palma, flotando inerte en esa fuente que, con intermitente neón insiste: “El Mundo es Tuyo”

Por su parte, Paul Krugman nos dice en su ensayo Un País no es una Empresa: “Los principios generales sobre el manejo de las finanzas gubernamentales son diferentes de aquellos métodos que se aplican en los negocios. Hay dos cuestiones que diferencian lo empresarial de lo gubernamental. En relación al primero, los empresarios tienden a ver el mundo como una contabilidad desde su empresa, que compra, vende, crece, o se achica. En cambio, la acción de gobierno debe concebir sistemas donde en definitiva, la prevención de conflictos colectivos este presente”

Bueno, aquí no necesitamos recurrir a Hollywood. También Milton Friedman afirmó:

“Las habilidades y conocimientos necesarios para invertir dinero propio en beneficio propio, obviamente no son las mismas requeridas para captar dinero público y asignarlo en bienes colectivos que produzcan beneficios sociales”

(Publicado en La Opinión Milenio. Domingo 25 de Julio de 2010)

miércoles, 21 de julio de 2010

El Senador Beltrones


Poco antes de los recientes cambios en el gabinete, el Presidente Calderón invitó al Senador Beltrones a Los Pinos.

A la salida un reportero pega el micrófono en el rostro del Senador, y quizás soñando con esas ocho columnas, ahora tan dadas a ser confeccionadas desde cualquier entrevista banquetera, le espeta:

Senador, ¿Está usted buscando la presidencia?

La respuesta de Beltrones es una cátedra, desde ese colmillo discursivo que ya pocos príistas contemporáneos tienen.

“No la ando buscando porque nunca se me ha perdido”

Genial.

domingo, 18 de julio de 2010

Crudos, pobres, y en caída libre


Polémico, provocador, amado y odiado. Pero siempre influyente entre quienes mueven los hilos de las finanzas mundiales.

Como sucede con los buenos profesores, sus alumnos le han salido respondones. Agustín Carstens, Paco Gil Díaz, Ernesto Cordero, y Guillermo Ortiz le enmendaron la plana cuando dijo que el manejo de la crisis económica en México había sido deficiente. Una discusión, por lo demás compleja, donde la simplificación mediática siempre estorba.

No pegué el ojo esta noche. Llegué de Gandhi y ya me quemaba en las manos el nuevo libro del Nobel de economía Joseph Stiglitz: “Caída Libre. El Libre Mercado y el Hundimiento de la Economía Mundial”

Stiglitz diserta acerca de la recesión estadounidense desde su posición de estudioso y experto en historia y manejo de crisis económicas.

Crisiólogo, como él mismo se define, fija posiciones, deslinda responsabilidades, desmenuza causas profundas, y expone los cadáveres de la codicia y de la irresponsabilidad en Wall Street, cuyos “magos” de las finanzas desaparecieron el conejo y hasta el sombrero de por lo menos 27 millones de estadounidenses que perdieron casa, ahorros y empleos.

Fiel a su estilo, Stiglitz utiliza un tono didáctico que privilegia la claridad conceptual. Para un lector no especialista es relativamente sencillo entender cómo y porque durante la reciente década el sistema financiero norteamericano fue construido sobre el cimiento de incentivos perversos, riesgo moral, utilidades ficticias e inmediatistas, recompensas excesivas, y problemas de agencia.

Reconstruye el proceso con el cual los grandes bancos abandonaron su negocio básico, (captar dinero del ahorrador para prestarlo con bajo riesgo a empresas productivas) para meterse a especular con operaciones en bonos basura, hipotecas riesgosas, y derivados exóticos.

Como una vez que les amaneció la borrachera, defendieron con la mano derecha el paradigma de escasa regulación para un libre mercado, mientras con la mano izquierda cobraron los multimillonarios rescates del gobierno.

Pero el libro no es un índice de fuego únicamente para los banqueros, Stiglitz desentraña el ambiente festivo que permitió al típico hogar estadounidense acumular más de 6 tarjetas de crédito con saldo deudor promedio de 9,000 dólares. Y como los organismos reguladores desde el gobierno hicieron la vista a un lado mientras personajes como Bernard Madoff y Allen Stanford asaltaban, no en despoblado, sino en impecables oficinas, o a bordo de yates y aviones privados.

En sus propuestas, Stiglitz afirma que es tiempo de reformar el estudio y la enseñanza de la ciencia económica, pues en su opinión, ahora para decirse economista basta con ser porrista del libre mercado, y soltar alegatos seudo-empresariales con la superficialidad y escasez conceptual de un preparatoriano.

En otros capítulos aborda las asimetrías en la información que impiden las hasta hoy inasibles eficiencias que el fundamentalismo del mercado ha venido prometiendo.

Revisa los instrumentos disponibles en la política monetaria de los países y bloques económicos desde el original ángulo de la insuficiencia operativa.

También, critica a las calificadoras de riesgo, quienes entraron a la fiesta, cuando debieron estar cuidando la puerta.

Un libro que, como mencioné al principio, nos deja temas para la discusión, para la polémica, y que nos advierte sobre el gran problema de nuestros tiempos: La verdadera crisis no es económica; es ética, es moral.

(Publicado en La Opinión Milenio. Domingo 18 de Julio 2010)

domingo, 11 de julio de 2010

Porque tú lo vales


No, no se equivoca. Es la frase con la cual L’Oréal introdujo su tinte en el mercado americano. Una historia interesante, o por lo menos entretenida. Hacia mediados del siglo XX las mujeres irrumpieron en el mercado de trabajo, lucharon por su emancipación social, consiguieron el voto, y gastaron millones de dólares para teñirse el pelo.

Pero fue Clairol quien cambio aquel cavernario paradigma de hace 50 años, donde una mujer con cabellera teñida forzosamente tendría una moralidad dudosa.

Así las cosas, el primer comercial televisivo de esta compañía (hacia los años 60’s) tuvo que mostrar a una dulce ama de casa preparando la cena, mientras una voz en off preguntaba sobre su cabello: ¿Lo hace o no lo hace?

En su ensayo “Rubias, un viaje por la modificación del Yo”, el antropólogo Grant McCracken afirma que existe una tabla periódica de las rubias. Desde la explosiva Marilyn Monroe, la radiante Goldie Hawn, la descarada Candice Bergen, la peligrosa Sharon Stone, la inocente Doris Day, hasta la fría Marlene Dietrich.

Pero bueno, como me cuento entre esos muchos hombres que no ostentan algún doctorado en mujeres, y difícilmente podría presumir soltura para hablar de, o incluso con, rubias, trigueñas, y pelirrojas, es hora de aterrizar en el más reciente libro de Malcom Gladwell. Editado por Taurus, su titulo es “Lo que vio el perro y otras aventuras”.

Para quienes han leído a Gladwell las recomendaciones sobran. Para quienes no, solo apuntar que es un autor que desentraña fenómenos sociales contemporáneos armado con una artillería de inteligentes preguntas y originales abordajes. Después de presentar argumentos producto de una investigación extensa y puntillosa, nos sorprende y nos asombra con la frescura, con la agudeza de sus conclusiones.

Gladwell nos muestra los entretelones de la industria cosmética sí. Pero también nos lleva a cuestionar, por ejemplo, si la famosa quiebra de Enron fue explícitamente un engaño, porque a diferencia de los enigmas, donde la información es opaca por culpa del emisor, este caso puede calificarse como misterio, pues tiene más que ver con la ignorancia o pereza del receptor.

Vale recordar que los informes anuales de Enron eran apretados volúmenes de 20,000 cuartillas, donde los detalles financieros acerca de sus 3,000 compañías subsidiarias, más que ser escasos, eran abrumadores.

Curioso que ninguno de los miles de inversionistas que luego se llamaron engañados, se haya percatado que desde 1998 un grupo de seis estudiantes de contabilidad en la Universidad de Cornell puso en la primera hoja de su tesis final sobre Enron el lapidario título de “Vendan sus acciones”.

¿Recuerda usted los programas de ventas por televisión? Aquellos donde las operadoras nos están esperando y el llame ahora se repite cual mantra budista. Gladwell nos introduce a este curioso mundo, de la mano de la historia de la familia Popeil.

Cuatro generaciones de inventores de artefactos para el hogar. Pero sobre todo, sagaces vendedores ambulantes. Geniales merolicos que desde la humildad de las ferias de pueblo pasaron a la riqueza que proporciona poseer un canal de televisión que ha vendido un millón de dólares por hora, en aparatos para ser delgado, exprimidores de fruta, parrillas para asado, y planchas mágicas.

No cometeré la imprudencia de decirle porque el libro se llama Lo que vio el perro… pero si le invito a comprobar cuan divertido es descubrirlo.

(Publicado en La Opinión Milenio. Domingo 11 de Julio de 2010)

martes, 6 de julio de 2010

El Mundial según San Mateo


“Porque al que tiene se le dará más y tendrá en abundancia, pero al que no tiene, se le quitará aun lo que tiene.”

Mateo. Cap. 25 Vers. 25-30


Se le ha llamado “El efecto Mateo”. Y es un término utilizado frecuentemente en sicología, sociología, educación, y deportes.

Hace alusión a que los aprendizajes tempranos y los éxitos iniciales, generalmente dan lugar a posteriores logros que incrementan consistentemente la brecha entre quienes ganan y quienes pierden.

Tocado por el ambiente futbolero, navego por las estadísticas de los 19 mundiales que la FIFA ha organizado. En este torneo únicamente han participado 77 países de los 208 afiliados, pero solo 7 países han sido campeones del mundo. (Brasil 5 campeonatos, Italia 4, Alemania 3, Argentina 2, Uruguay 2, Inglaterra 1, Francia 1).

Entonces hay algo que pudiera parecer anormal. En una distribución normal, cualquier representativo nacional tendría un 0.48% (1/208) de probabilidades de ser campeón del mundo. Pero la realidad ha sido otra:

El 3.3% (7/208) de las selecciones competidoras ha ganado el 100% de los campeonatos.

Evidentemente estamos ante un caso típico de distribución totalmente asimétrica del éxito, o para decirlo en términos económicos, ante un caso de indicadores de desigualdad extrema.

Pero así suelen ser los deportes, la distribución de los éxitos y de los ingresos nunca tiende a la igualdad, a la distribución normal. Porque precisamente el sistema competitivo de cualquier deporte es diseñado para separar a “los fuera de serie” del rebaño. Es sintomático que la paga mensual de una estrella del futbol europeo sea mayor a la nomina total de varios equipos de una liga nacional de medio pelo.

En la mayoría de los deportes, esta asimetría del éxito ha representado un serio impedimento para globalizar la afición a los mismos. En Estados Unidos, las ligas de futbol americano y de basquetbol tratan de resolver localmente la concentración de éxitos, mediante un sistema en el cual los equipos recientemente perdedores tienen derecho a elegir a los jóvenes más prometedores entre las ligas universitarias. Con ello se asegura algún reciclaje que mantenga interesado al mayor número de aficionados en diversas ciudades.

Lo anterior no puede hacerse a nivel mundial. Creo que pasaran muchos años antes de que selecciones futboleras como Japón, Costa Rica, Costa de Marfil, y otros, puedan ganar un campeonato mundial.

Pero los directivos de la FIFA son verdaderos genios para los negocios, y han logrado que la exponencial afición mundial a este deporte tenga poco que ver con la calidad y el historial de éxito en el mayor número (201) de selecciones nacionales, o con la esperanza de triunfo para sus respectivos aficionados.

¿Cómo lo han logrado?

Aquí deduzco tres (entre seguramente muchas) respuestas:

1.- El torneo se realiza cada 4 años, tiempo suficiente para que cada federación nacional recomponga la ilusión, o apueste al olvido generacional.

2.- Se ha incentivado la preeminencia de una nueva especie en el ecosistema futbolero: el aficionado puro. Quien sin prácticamente haber jugado, pueda construirse una mitología desde la comodidad del sillón. Por lo anterior resulta ya irrelevante para el negocio, que existan países deficientes en la producción de buenos equipos y jugadores, siempre y cuando produzcan entusiastas aficionados.

3.- La FIFA ha sido reticente para incorporar nuevas tecnologías que eliminen el azar y la discrecionalidad en las decisiones arbitrales. El trasfondo pareciera entonces, que este binomio justicia-injusticia en el terreno de juego permite polémicas, desahogos, y cegueras. Cosas que sabemos, no hacen sino incentivar a la afición, y robustecer a la comentocracia y al negocio.

(Publicado en La Opinión Milenio. Domingo 04 de Julio de 2010)

lunes, 28 de junio de 2010

¿Por qué los leones apestan?


Entre risas, algunos de mis alumnos de las maestrías cuentan la anécdota. Al inicio del curso, suelo abrir clase con esta pregunta. El desconcierto invade el rostro de jóvenes ambiciosos, quienes decidieron invertir dos años de tiempo y dinero para obtener un grado académico con el cual perfilarse como gerentes o directores de empresa.

Las titubeantes y generalmente erróneas respuestas son sabrosa materia prima para bromas posteriores entre compañeros de generación. Pero la razón es muy sencilla: los leones apestan porque apestar está en su naturaleza, y gracias a ello no se han extinguido. Siendo animales que deben marcar dominio en extensos territorios, el olor que despiden debe ser característico y penetrante.

El mensaje que trato de transmitir es que nunca resulta suficiente saber cómo son las cosas, sino que es importante saber porque son así, conocer su naturaleza. Buscar la comprensión además del conocimiento.

Las organizaciones más antiguas son la familia, la iglesia, y el ejército. Su naturaleza es evidente. La familia (en sus variantes e incluso como tribu) existe como núcleo social que preserva la especie, la iglesia atiende los afanes gregarios y de trascendencia del ser humano; el ejército es la respuesta organizada para conservar el monopolio de la violencia en los Estados-Nación.

Pero, ¿Por qué existe la empresa comercial?

Ese tipo de organización económica que siendo históricamente joven (150 años cuando mucho) ha cambiado el modo en que los seres humanos organizamos las actividades de producción, de consumo, de trabajo, de ahorro, de ocio, y de inversión.

¿Por qué la empresa comercial es una forma de organización básicamente no democrática? y ¿Por qué en una cultura que tiene a la democracia como valor social fundamental, muy poco atendemos o explicamos la razón de dicha característica empresarial?

Las empresas existen, la mayoría son estructuras jerárquicas, el jefe no se elige, manda la planificación central, y parafraseando a Orwell, algunos de sus miembros son más iguales que otros.

Pero no, no se asuste, no soy un comunista de café. Simplemente estoy introduciendo las interrogantes que dieron lugar a la genial obra del economista y ganador del premio Nobel, Ronald Coase.

Coase escribió “La Naturaleza de la Empresa", donde se preguntó por qué existen las empresas. Su reflexión cuestionaba la teoría de la mano invisible, la cual afirma que el mercado es el mejor mecanismo para emparejar oferta y demanda, fijar precios, y extraer la máxima utilidad de los recursos finitos, así las actividades económicas podían ser coordinadas perfectamente mediante un sistema de precios.

Entonces, Coase se preguntó, ¿por qué los individuos no actuaban como compradores y vendedores independientes en lugar de reunirse en empresas con miles de trabajadores?

Coase acuño el término Costos de Transacción, haciendo referencia a variables como el costo de la colaboración, y de las relaciones entre consumidores, empleados, proveedores, socios y competidores.

Expuso que el costo y los desafíos de la información, comunicación, negociación y resolución de las transacciones entre las partes son en ocasiones prohibitivos, y que ante esta situación, la creación de valor se organiza mediante empresas comerciales con una gestión jerárquica para tomar decisiones y ejecutar el trabajo.

Así pues, por eso los leones apestan, y por eso existen las empresas comerciales.

(Publicado en La Opinión Milenio. Domingo 27 de Junio de 2010)

lunes, 21 de junio de 2010

¿Cómo podemos estar seguros que Monsiváis murió?


Inmortal de la ironía, quizás el propio Carlos Monsiváis habría dicho:

Un intelectual puede estar seguro de que ha muerto únicamente cuando:

a) Su nombre aparece en sentidas columnas periodísticas donde jamás antes fue mencionado.

b) Quienes no soportan evidenciar la orfandad de algún recuerdo personalísimo con él, pueden entonces refugiarse en la desmesura, ampararse en la imposibilidad del desmentido, o adherirse exprimiendole cualquier jugo a alguna aproximación intrascendente.

domingo, 20 de junio de 2010

Abogados y anuméricos


Sala de Jurados se llama el libro. Lo leí hará unos 20 años, y creo que lo preste a sabiendas de que lo perdería.

Quentin Reynolds, escritor y abogado penalista de formación; narra magistralmente los detalles jurídicos que dentro de esta novela, hacen que su personaje, el también penalista Samuel S. Leibowitz gane para sus defendidos, juicios por demás complejos. Reynolds fue mi primera aproximación a la novela sobre temas legales.

Me acorde de este libro porque ahora que vacacioné con mi familia, volví a leer La Hermandad, un libro también de abogados escrito por John Grisham, el autor de mayor venta en el género del thriller jurídico. Varios de sus libros fueron ya hechos películas protagonizadas por divas de Hollywood. Seguramente el lector recuerda “El Informe Pelicano” con Julia Roberts, “El Cliente” con Susan Sarandon, o “La Jurado” con Demi Moore.

La Hermandad tiene como trama central la vida de tres ex jueces federales estadounidenses, convictos por diferentes delitos. En la cárcel montan una especie de corte donde de manera informal resuelven disputas menores entre los presos.

Simultáneamente, extorsionan mediante cartas comprometedoras enviadas a hombres prominentes que llevan una doble vida, y por ello son atraídos con el señuelo de iniciar relaciones sentimentales con un joven gay injustamente condenado, quien muy próximo a ser liberado, pasa el tiempo esculpiendo su cuerpo en el gimnasio al aire libre de la prisión.

Si bien la trama central se antoja hoy premoderna, la trama secundaria no ha perdido actualidad. La candidatura presidencial de un maduro Senador soltero, que con la promesa de duplicar los gastos militares durante su administración, asegura la financiación de su campaña política con el multimillonario patrocinio de las poderosas corporaciones proveedoras del Pentágono.

Regreso a casa y poniéndome ya “serio” en mis lecturas, inicio con “El Hombre Anumérico, analfabetismo matemático y sus consecuencias” de John Allen Paulos. Un doctor en matemáticas avanzadas que tiene la virtud de escribir libros sobre matemática económica que podría leer con gusto hasta un poeta.

(Por cierto, del mismo autor recomiendo el libro “Un matemático invierte en la Bolsa”, pues derriba varios mitos geniales de las finanzas bursátiles, mitos que incluso son perpetuados por algunas escuelas de negocios)

Allen Paulos sostiene que la mayoría de las personas no dimensionamos los grandes números, no sabemos la diferencia entre probabilidad y coincidencia, o entre sesgo y tendencia, o entre media, moda, y mediana.

En fin, que somos anuméricos. (Eso me hizo pensar que hoy es día del sorteo para anuméricos empedernidos: El Melate, con más de 500 millones como premio, pero con la ínfima probabilidad de ganar de una entre dieciocho millones)

Así pues, hablando de grandes números, de candidatos presidenciales proclives al gasto armamentista, y de erogaciones gubernamentales excesivas; el presupuesto estadounidense 2010 para gastos militares y de defensa es de un millón de millones de dólares. Es decir, un billón de dólares.

¿Cuánto es un billón de dólares? Es mucho, muchísimo dinero. Imagine usted que gastando un dólar cada segundo tardaría aproximadamente 25 mil años para quedarse en ceros.

No es de extrañar entonces, que la capacidad destructiva de las armas contenidas en un solo submarino nuclear estadounidense sea igual a la suma total del poder explosivo empleado durante toda la segunda guerra mundial.

Mas allá del miedo a las matemáticas que el sistema educativo mexicano ha inoculado en generaciones enteras, estos si son números que aterrorizan.

(Publicado en La Opinión Milenio. Domingo 20 de Junio de 2010)

Dogmas y falacias


"Pensar es el trabajo más difícil que existe, quizás sea ésta la razón por la que hay tan pocas personas que lo practican"

La frase es de Henry Ford, y estoy en desacuerdo con ella.

Pensar no es difícil. Pero no hacerlo siempre resultará cómodo. Nuestro cerebro está diseñado para reconocer patrones y elaborar rutinas. Así logramos ponernos los calcetines, o incluso conducir, “sin pensar”. No obstante, los nuevos desafíos exigen nuevas reflexiones, más allá de dogmas y de falacias.

Para empezar conviene ya quitarnos el chip binario. Ese que nos remite a clasificar automáticamente todo en bueno o malo. El mundo no es una telenovela de pobres contra millonetas; patriotas contra vende patrias, legítimos contra espurios, y fumadores obsesivos contra ambientalistas compulsivos.

Una falacia es el reduccionismo: Algo que funciona junto nunca podría entenderse por separado.

Otra es la llamada falacia de la composición. Pensar que lo que es cierto para una parte es cierto para el todo; y viceversa, lo que es cierto para el todo es cierto para las partes. Baste un ejemplo. Piense usted en la afirmación La velocidad mata, y su implicación: Ir despacio salva vidas.

Eso es cierto únicamente si todo el tráfico en alguna calle se desplaza a menor velocidad. Pero totalmente falso cuando alguien en plena avenida Constitución en Monterrey conduce a 30 kilómetros por hora.

Otra. La falacia post hoc. El error al razonar que un suceso es consecuencia de otro, simplemente porque ocurrió después. Suponga un marciano que observa la fiebre de compras decembrina. Después, ya en la Nochebuena observa también personas intercambiando regalos. Para el extraterrestre, las compras causaron la navidad.

¿Más falacias? Aquí algunas:

1.- Afirmar que todo intercambio social puede y debe entenderse como un intercambio de mercado.

2.- Creer que invariablemente los individuos están movidos por intereses propios y propensos a aprovecharse de los esfuerzos de otros.

3.- Pensar que la competencia es el estado natural, e incluso el más deseable en las relaciones empresariales, porque siempre incentiva la productividad.

4.- Creer que los problemas socio-políticos pueden resolverse a nivel personal, porque las instituciones son simples agregados de preferencias y capacidades individuales.

5.- Pensar que democracia y transparencia siendo indispensables, serán suficientes. La democracia no quita el hambre, y la transparencia puede derivar en cinismo.

(Publicado en La Opinión Milenio. Domingo 13 de Junio de 2010)

miércoles, 9 de junio de 2010

¿Qué estoy leyendo? (Tres)


Parábola de Moribundo es una novela absorbente, especialmente divertida. Es la segunda vez que la leo.

Regresaba de la Feria del Libro Guadalajara 2009. Ahí la compre, y gracias a que el piloto de Mexicana-Click tuvo que demorar nuestro aterrizaje en Torreón, alcanzó el tiempo para leerla completa por primera vez.

Absorto en ella, me valieron madre el par de fallidas aproximaciones a tierra que nos hizo sufrir la tripulación de la aeronave.

Antier, saliendo de una cena entre amigos; su autor, Jaime Muñoz Vargas me regaló un ejemplar.

Con su dedicatoria: “Para Heriberto, este periplo por la noche lagunera, y mi abrazo siempre fraterno”

Ante generosidad de tal calibre, y atendiendo su condición de escritor de grandes ligas, atine a responderle con cierto materialismo socarrón:
“Jaime, no sabes cómo te agradezco esta contribución que haces a mi Afore”

En su crítica literaria, Eugenio Aguirre, Óscar de la Borbolla, y Hernán Lara Zavala, nos dicen:

Parábola del Moribundo, “muestra un buen oficio literario, un discurso narrativo interesante y ameno que fluye sin tropiezos y que demuestra talento, ingenio, y una dosis de humor y malicia por parte del autor”

Para los laguneros, su lectura; opino, es imprescindible.

Una aproximación nada mas: En sus páginas encontramos aquella región; cuyas noches, calles, y lugares, hasta hace tan poco, todavía nos pertenecían…

lunes, 7 de junio de 2010

¿Dónde está Popper cuando se le necesita?


Recién regreso a leer periódicos. Estuve ausente de ellos, pues la nota roja ha seguido arrogándose la primera plana.

Leo, por ejemplo, que la Suprema Corte de Justicia en México, ha declarado que la charlatanería es un delito.

Quien lucra indebidamente con las preocupaciones, las supersticiones o la ignorancia de las personas, por medio de supuestas evocaciones de espíritus, adivinaciones, curaciones u otros procedimientos carentes de validez técnica o científica, será considerado delincuente.

Entonces, buscando algún asidero para determinar la pertenencia técnica o científica, veo que resulta conveniente abrevar de Karl Popper y de su pregunta seminal: ¿Cuál es la demarcación entre lo científico y lo metafísico?

Popper propone un criterio para establecer lo que cabe dentro del estudio científico, y lo que no pertenece a la ciencia.

Dicho criterio es muy sencillo: Una proposición es científica si puede ser refutable, es decir, susceptible de que en algún momento se puedan plantear ensayos o pruebas para refutarla, independientemente de que salga airosa o no de dichos ensayos.

Leo también en La Opinión Milenio, que durante las jornadas académicas de la Escuela Superior de Biología de la UJED, el científico Nasif Nahle, durante su conferencia “Cambio Climático y Biodiversidad” afirmó:

“El cambio climático es un fenómeno natural, cuyos efectos se manifiestan en todo el planeta, y no es causado por los seres humanos. Por lo que los esfuerzos para tratar de revertirlo resultarían inútiles, ya que es causado por fuerzas naturales”.

Después, y en la misma línea de autores que trascienden las tesis popularizadas y ya transmutadas en dogmas de fe; leo el paper académico del Dr. Raúl Pacheco Vega “Una crítica al paradigma de desarrollo regional mediante clústeres industriales forzados” (El Colegio de México, Estudios Sociológicos XXV: 75,2007)

Me encantó. Sobre todo porque abunda sobre esa confusión que algunos aficionadazos al concepto de clúster no se han percatado que tienen: La teoría de los clústeres y de los distritos industriales es descriptiva, (describe las razones multifactoriales por las cuales estos ya existen). Nunca es prescriptiva, (No sirve como receta, ni tampoco garantiza las mejores prácticas para que alguna iniciativa regional necesariamente logre crear un clúster)

Pues, como dice el propio Pacheco Vega:

"Es importante que los gobiernos mantengan una visión balanceada sobre los clúster y los distritos industriales. En un gran número de casos, la promoción mediante un enfoque de clústeres, es mas resultado de la popularidad acrítica que tiene el concepto, y de lo entusiasta que resulta la idea de fortalecer el desarrollo económico a través de la cercanía de las empresas".

"Sin embargo, como lo demuestran Staber, Markusen, y otros autores, muchos clústeres nunca maduran, y en otros, los resultados fueron contraproducentes”


(Publicado en La Opinión Milenio. Domingo 06 de Junio de 2010)

jueves, 3 de junio de 2010

Razón de la ausencia


Arsenio, Carlos, Daniel, Edgar, Eduardo, Marcela, Julio,
y mas queridos amigos que me han preguntado:

Primero Gracias.

No he tenido ganas de escribir, por lo menos desde el 14 de mayo, por la matanza de jóvenes inocentes aquí en Torreón.

Lo que escribo sale con coraje, con enorme tristeza, como una catarsis.

Y así no me gusta…

Ando muy encabronado por la violencia, la inseguridad en nuestra ciudad.

Intolerante.

Gracias por preguntar, espero ya esta semana reponerme.

Mi abrazote

lunes, 10 de mayo de 2010

Aquella gente sólo se moría de vieja


Las afecciones cardíacas son la principal causa de muerte en los llamados países desarrollados. El sedentarismo, el tabaquismo y las dietas altas en grasa y azúcar resultan ser un explosivo coctel para el corazón.

La afirmación anterior es cierta, pero no es la única. Como lo descubrió Stewart Wolf, médico estadounidense que durante años investigó el estilo de vida de los habitantes de Roseto, un poblado en la zona montañosa de Pennsylvania, donde no existen casos de problemas cardiacos.

Buscando aislar las relaciones causa-efecto. En principio Wolf estudió, sin éxito, factores particulares en la alimentación local, (inmigrantes italianos en su mayoría, los rosetianos comen grasas y azúcares, fuman y toman vino de mesa en mayor cantidad que la media poblacional).

Después, investigó el aire montañoso, la genética de los pobladores, y muchas otras condiciones ambientales. Cada vez más asombrado, se percató que en Roseto no había suicidios, alcoholismo, drogadicción, y apenas delincuencia, tampoco ulceras pépticas, Aquella gente sólo se moría de vieja.

En sus conclusiones ante una escéptica comunidad científica, Wolf afirmó que la variable clave para explicar la fortaleza y salud de los habitantes en esa ciudad era algo que hoy ya tiene nombre. Se llama cohesión social.

Los rosetianos se visitaban unos a otros, se paraban a platicar en la calle con sus vecinos; la participación en asociaciones cívicas y religiosas era la norma, el respeto a los viejos, mujeres, y niños, algo natural. Así como una serie de redes de apoyo para ayudar al vulnerable, y desalentar alardes ofensivos del privilegiado.

Wolf descubrió que para comprender la salud o enfermedad en una persona, es necesario mirar más allá del individuo. Comprender los valores sociales y culturales del grupo al cual pertenece, entender el imaginario colectivo de la ciudad donde vive, sus reglas de convivencia, los principios de la actuación ciudadana, y de la calidad de gobierno. Incluso la disposición urbana, y los espacios de interacción social en su entorno.

La cohesión social importa. Los sociólogos la denominan “capital social”. Define el grado y la efectividad en la sociabilidad de un grupo humano en un territorio determinado. Sus componentes son las redes sociales, las reglas y normas de convivencia efectiva, y el grado de confianza mutua. Tres elementos difíciles de definir y de medir, pero fáciles de observar y de sentir.

Los economistas (premios Nobel incluidos) hoy se han dado a la tarea de construir indicadores más efectivos para medir el desarrollo económico, el bienestar y el avance social. El viejo PIB es necesario, pero ciertamente ya resultó insuficiente como métrica económica.

¿Qué mata la cohesión social en una ciudad? ¿Qué factor enferma la convivencia en un territorio urbano?

La impunidad principalmente. El caos, el coraje, y la tristeza que son provocados cuando no son respetadas las reglas mínimas de convivencia, y no existe castigo ejemplar para el delincuente o para el trasgresor.

La cohesión social muere cuando aquel dicho popular es una realidad. Donde el que “transa” (o mata, o roba, o trafica, o asalta, o secuestra, o extorsiona) es el único que “avanza”.

Afortunadamente para nuestra región, algunos actores privados y políticos, ya tienen claro, y en su agenda, los conceptos de vanguardia mundial: Cohesión Social, Gobernanza, Ciudadanización, Métricas de Desempeño y de Buen Gobierno, Capacidades Competitivas del Territorio, Convivencia Segura, Sustentabilidad, e Inclusión.
(Con datos de “Outliers, Story of Success” M. Gladwell. 2008)

(Publicado en La Opinión Milenio. Domingo 09 de Mayo de 2010)

miércoles, 5 de mayo de 2010

¿Qué estoy leyendo? (2)


A Andrés Roemer lo he visto en las tres últimas Ferias del Libro en mi querida Guadalajara. Lo recuerdo también como un buen esgrimista intelectual en aquel programa televisivo “Entre lo Público y lo Privado” con Katia D´Artigues.

Serán dos años ya, que la Ibero Torreón lo trajo a dar una conferencia para los chavos en su Semana Universitaria. Me invitaron a comer con él, muy infortunadamente me la perdí, pues estaba yo viajando a Mérida.

Pues bien, estoy leyendo ahora “Derecho y Economía: Una Revisión de la Literatura” editado bajo los sellos del ITAM, El Fondo de Cultura Económica, y el Centro de Estudios de Gobernabilidad y Políticas Publicas A.C.

El compilador es justamente Roemer. Instalado él, en su menos conocida faceta: la académica. Con curriculum arrollador incluido. (Economista por el ITAM, Abogado por la UNAM, Maestro en Administración Publica por Harvard, y Doctor en Política Publica por Berkeley)

El texto es una colección de ensayos donde se analizan las normas y ordenamientos jurídicos como lo que finalmente resultan ser en el plano positivo: Incentivos para los agentes económicos.

Del análisis económico del derecho, han derivado frases ya muy populares, (como aquella de ponerle “dientes” a una ley para incentivar su cumplimiento; o también, la comprensión del cálculo mental que hace algún eventual delincuente ante la probabilidad de ser aprehendido y sentenciado)

No es un libro que pueda leerse de un tirón, sino una especie de buffet "nouvelle cuisine", que debiera abordarse con gula sí, pero también con la calma del sibarita.

Deliciosas por ejemplo, las relecturas de “Crimen y Castigo” de Gary Becker, de “El Problema del Costo Social”, y de “La Naturaleza de la Empresa” de Ronald Coase, o de “Buena Economía-Mal Derecho” de James M. Buchanan.

Desearía poder invertir en la compra de cientos de ejemplares de este libro.

¿Qué haría con ellos?

Los regalaría a algunos (muchos) senadores y a diputados. Nada más para insistirles que el mérito de las leyes no reside en proponerlas, o en su caso aprobarlas; sino en diseñarlas de tal manera que se cumplan, y que redunden en políticas públicas de largo aliento.

lunes, 3 de mayo de 2010

¿Tiene personalidad Torreón?


Estoy en el aeropuerto releyendo en un número anterior de Milenio Semanal una crónica-guía para viajar a Medellín Colombia. El autor advierte que las emociones fuertes ahora van por cuenta del viajero, pues la ciudad ya no es más un “sicariato”. Medellín ha cambiado su personalidad, afirma el texto.

Llego a casa, y vuelvo a leer aquel post en Ruta Norte (“Somos pubertos” agosto 2007) donde Jaime Muñoz Vargas bromeaba sobre la personalidad de los países.

Así, China es una anciana sabia, Estados Unidos un adolescente loco y bravucón, Canadá es un joven gay emancipado. España es la tía mas linda de Europa, que suele pasársela borracha y sin sostén. Francia es una treintañera divorciada, muy respetada en el ámbito profesional. Alemania es un camionero, e Italia es una viuda rica, con dos hijos monaguillos, San Marino y El Vaticano.

Por mi parte, he pensado desde hace años, que Monterrey es un cuarentón trabajador y avaro, que recién agarra un segundo aire y se interesa en la cultura y en la bohemia. Guadalajara es la mujer mas hermosa de México, culta, educada, y bien vestida, pero tan alivianada, que con elegancia puede terminar la noche desayunando tortas, ahogadas en chile y en shots de tequila.

Torreón es un joven empeñoso, pero poco cosmopolita aun, que sin acabar de decidir su vocación, quiere entrarle con ganas a proyectos importantes.

Pero el concepto de “personalidad” de un país o ciudad, no es algo que sirve únicamente para bromear. El doctor Richard Florida, un urbanista y economista que dicta cátedra en Stanford, Rotman, y Oxford, ha investigado el tema durante los últimos 20 años. También, el Instituto Mexicano de Competitividad (IMCO) en su ranking 2010 sobre la competitividad de las ciudades, empieza ya a incorporar algunos elementos que definen la manera territorial de ser y de competir, desde planos cualitativos y hasta emocionales.

Florida, en su nuevo libro “Las Ciudades Creativas” (Paidos-Empresa 2009) afirma que, a diferencia de nuestros antepasados decimonónicos, que en promedio viajaban únicamente 30 kilómetros a la redonda de su lugar de origen, los hombres del siglo XXI tenemos la mayor movilidad geográfica en la historia.

Este fenómeno da como resultado que la vanguardia económica, cultural, científica, y hasta social venga concentrándose en un puñado de urbes mundiales. En ciudades creativas que atraen el capital, el talento, la tecnología, y la diversidad necesaria y suficiente para florecer, avanzar, competir, y ganar.

Para Florida, una de las decisiones mas importantes es la elección de la ciudad donde estudiar, trabajar y vivir, (tan importante como cual carrera estudiar, o con quien casarse). Pues existe una geografía de las vocaciones profesionales.

Un top-ten, por ejemplo, para un ingeniero informático (Silicón Valley, Bangalore); para un publicista (Madison Avenue en Nueva York), y para un actor, (Hollywood, Broadway).

Así, las ciudades ya no compiten únicamente con capacidades estáticas, (Tierra, Costos, Infraestructura, etc.) sino también con capacidades dinámicas, (Talento, Ciencia, Buen Gobierno, Tolerancia a la Diversidad, Oferta Cultural y Educativa, Vida Nocturna, Espacios Recreativos, entre otros).

Existe pues, una geografía competitiva de la felicidad, del desarrollo económico, y de la innovación, donde Torreón está jugando, nos percatemos de ello, o no…

(Publicado en La Opinión Milenio. Domingo 2 de Mayo 2010)

miércoles, 28 de abril de 2010

Narco-Matemáticas


Aviso para (algunos) quienes me hacen el favor de leer este blog:

En este post me pongo insoportablemente académico, pero al final queda claro porque se llama NARCO-MATEMÁTICAS

Uno de mis primeros contactos formales con la Teoría General de Sistemas fue gracias al artículo “Un paradigma sistémico para la resolución de problemas” publicado en la revista Acequias de la Universidad Iberoamericana (2003) por el Doctor Ricardo Coronado, amigo y colega profesor.

Un par de años después escribí y publiqué un artículo para la Universidad de Navarra (Revista de Empresa-European Management Association) donde retomaba dicho enfoque para analizar varios casos de reconfiguración sistémica de mercados y sectores industriales en México.

Así pues, me gusta el enfoque sistémico, lo utilizo con frecuencia, y acudo a sus fundamentos recurrentemente.

Cito entonces a José Mónzo Marco, y su inteligente aplicación del modelo matemático de interdependencia sistémica Lotka-Volterra.

“Retomando la propiedad isomorfa del Modelo Lotka-Volterra mencionamos deliberadamente otras aplicaciones en el ámbito mafioso, militar, económico, etc.

¿Por qué mafioso?

A pocos estrategas policiales se les escapa que el fenómeno mafioso implica, desde un punto de vista presa-predador, un control indirecto sobre pequeños delitos (predadores pequeños) a cambio de la presencia permisiva de un delito mayor (extorsión continuada).

No es ningún secreto que todas las policías del mundo saben o intuyen que los predadores grandes (delincuentes organizados) “mantienen a raya” en su territorio a los predadores pequeños (delincuentes no organizados).

Si un estratega policial decidiera por su cuenta y riesgo, eliminar a los predadores mayores, debería saber o intuir que al poco tiempo los pequeños delincuentes (predadores pequeños) se harán dueños de las calles, pues ante la ausencia de sus predadores naturales (mafia organizada) crecerán en número y fechorías, tal vez hasta constituir “por evolución”, en otra mafia organizada.

Por favor, no estoy diciendo con esto que la policía mantenga el status-quo y no actúe contra los mafiosos y extorsionadores, pero sí que tenga en cuenta que el vacío de poder dejado por los mafiosos detenidos debe ser reemplazado por más presencia policial o de lo contrario el éxito policial será efímero”


Termino la cita, y me queda la pregunta para los estrategas en el combate al crimen:

¿Así?
¿O más claro?

domingo, 25 de abril de 2010

El ingenuo era yo


“Joaquín Sabina: buen showman, buen show. La misma canción cantada 30 veces” Twitea mi amigo Andrés saliendo del Auditorio Nacional.

“Hubo un tiempo en que México podía ser gobernado a punta de frases celebres” concluye mi amigo Édgar a propósito del tema.

Lo cierto es que la frase de Sabina se revela sabrosona para la ironía, la desilusión, el escarnio, y hasta para la socarronería. Creo que vivirá junto a otras inmortales del imaginario popular.

Ingenuos, por ejemplo, quienes cuando el mercado de inversiones otorga una rentabilidad anual promedio del 4 al 8%, creen en ofertas del 60% anual de ganancia seguras en instrumentos o fondos domiciliados en alguna diminuta isla caribeña, o quienes apuestan en vehículos financieros tan exóticos, (reborujados, diríamos los laguneros), que ni con tres doctorados en economía, banca, y finanzas podría alguien calibrar la magnitud del riesgo que conllevan.

El tema de la ingenuidad da para mucho, por ejemplo la eterna discusión sobre el riesgo moral, donde los bancos y otros intermediarios financieros se involucran en opacidades y toman riesgos excesivos, pues siempre tendrán un papá gobierno dispuesto a rescatarlos con dinero del contribuyente.

Pero no es el único aspecto sobre la necesaria regulación bancaria. Recuerdo aquella ley estadounidense llamada Glass-Steagall, vigente por mas de 60 años y derogada en 1999. Esta ley fue una de las regulaciones bancarias más importante jamás aprobada, ya que prohibió que cualquier banco comercial comprometiera en actividades de inversión especulativa los depósitos de sus clientes.

Creo también que resulta ingenuo pensar que los bancos ampliarán el otorgamiento de crédito al sector productivo mexicano solamente por recomendaciones y conminaciones de la autoridad. Actualmente, los principales bancos que operan en México no necesitan prestarle a las empresas para ganar dinero, la mitad de sus utilidades son producto de las más de 1,400 diferentes comisiones que cobran, otras fuentes de rentabilidad son los créditos hipotecarios y los excesivos intereses en tarjetas de crédito.

Además, como el banco paga al pequeño y mediano ahorrador un interés menor al rendimiento que obtiene del gobierno con los Cetes, pues intermediar depósitos así, y ganar dinero, siempre será más cómodo que desarrollar una estructura necesaria y suficiente, para por ejemplo financiar a las Pymes.

Y no, no traigo el discurso de satanizar banqueros (fui uno de ellos por mas de 14 años, muchos de mis amigos trabajan en el negocio bancario-bursátil, además, hoy es mi cumpleaños…)

Simplemente afirmo que la estructura actual de incentivos en el sistema financiero mexicano debe ser repensada para aumentar su participación en el crecimiento económico y en la creación de riqueza.

Por su parte, el sistema financiero mundial, requiere regulaciones explicitas para evitar los riesgos sistémicos, y los cada vez más frecuentes fraudes contra inversionistas. Especialmente con ese tipo de inversor, que llega siempre mas entusiasmado que bien asesorado.

Por cierto, también del ingenio twitero: “El último deseo de Islandia fue que sus cenizas se esparcieran por toda Europa”

(Publicado en La Opinión Milenio. Domingo 25 de Abril 2010)

Los monopolios son buenos


Me divierte hacerlo. Cuando en la opinión pública y publicada, un tema o palabra empieza a recibir mayor atención, y en el discurso se populariza un sesgo de juicio (positivo o negativo), ahondo en la investigación de la tesis contraria. ¿Para qué? Para conocer la película completa.

Es el caso de los monopolios, no todo es malo. Aquí presento al lector dos puntos de vista complementarios. El concepto de monopolio natural, y una brevísima reseña del libro Monopoly Rules. Buen provecho.

El concepto: Un monopolio natural es un caso particular de los mercados en el cual una empresa puede producir toda la producción del mercado con un coste menor que si hubiera varias empresas compitiendo. Esto usualmente ocurre en mercados en los cuales se tiene que realizar una altísima inversión inicial para ingresar junto a elevados costos de mantenimiento de la estructura productiva para atender un mercado que, adicionalmente, es limitado.

La reseña: Monopolio. Hoy una de las palabras menos “políticamente correctas” en la jerga económica. En un momento económico donde el neo-institucionalismo regresa por sus fueros, con entramados regulatorios como receta para posibles fallas en los mercados.

Pero más allá de la etiqueta ideológica en la opinión popular. El autor del libro, profesor en la Universidad de Chicago, afirma que en los negocios, los monopolios ni son antinaturales; en su mayoría son legales, y son mas frecuentes de lo que creemos.

Además, sostiene que la verdadera estrategia empresarial debe conducir a obtener un monopolio temporal o espacial, donde el empresario encuentra, o crea, un mercado en el cual la competencia es irrelevante.

Una patente es el monopolio temporal prometido que incentiva apostar por la investigación científica. Una marca poderosa es un monopolio en la mente del consumidor. La denominación de origen es un monopolio geográfico, que permitió al tequila mexicano ser único en el gusto mundial.

Un estacionamiento público, o una esquina urbana altamente transitada, finalmente son monopolios espaciales. El servicio y las refacciones son monopolios productores de efectivo recurrente para los fabricantes automotrices. Carlos Monsiváis, Leo Messi, y también los Tigres del Norte, son monopolios unipersonales de talento.

Así pues, el libro explica como descubrir oportunidades para tener un monopolio y mantenerlo.
Como permanecer siempre un paso delante de la competencia, e inhibir la entrada de nuevos competidores al negocio. También dedica un capítulo final a describir cuales serán los monopolios del futuro.

Una lectura quizás controversial, pero también necesaria para que el hombre de negocios pueda sacudirse esa parcialidad que caracteriza las interpretaciones superficiales.

(Publicado en La Opinión Milenio. Domingo 18 de Abril 2010)

lunes, 19 de abril de 2010

Murió C.K. Prahalad


Coimbatore Krisnharao Prahalad, así se llamaba. Fue el creador de los conceptos “core business”, y “core competencies”. Frases tal vez más pronunciadas que comprendidas por muchos ejecutivos y CEO´s durante los años noventa.

Profesor titular de la cátedra de estrategia corporativa en la Universidad de Michigan, ganador del premio McKinsey por sus artículos en la Harvard Business Review, fue considerado entre los 10 pensadores mas influyentes en el mundo de los negocios.

Su libro “Competing for the future” dio nuevos bríos a la innovación en las empresas.

Pero su verdadero long-seller fue “The fortune at the bottom of the pyramid” un compendio de originales teorías, que entre otros meritos, fue el semillero ideológico de empresas y micro financieras que hoy atienden a los segmentos de mas bajo ingreso en el mundo.

“Soy un alumno mas que sigue hambriento de aprender cosas nuevas” respondió en 2007, después de dictar una conferencia en México, cuando un novel reportero le pregunto si se consideraba un gurú del management.

Descanse en paz profesor...

jueves, 15 de abril de 2010

Banamex y Medina Mora


Leo la entrevista que en México y Nueva York, Expansión hace al presidente y CEO de Citigroup para Latinoamérica, Manuel Medina Mora.

Una frase me encanto, pero antes, un párrafo personal de remembranzas.

Mi primer trabajo formal fue en Banamex, inicie a los 19 años como cajero, y a los 23 ya era gerente de una sucursal en Monterrey. Banamex me pago una maestría y un par de especializaciones. También, me permitió algo aprenderle a esa generación irrepetible de excepcionales banqueros mexicanos. (Agustín Legorreta, Federico Ramos Salas, Felipe de Yturbe, Jaime Lomelí, Carlos de la Cerda, Francisco Alcalá, entre otros) Aquí pues mi agradecimiento y mi recuerdo.

¿Qué me gusto de la entrevista con Medina Mora?

Su frase “Un CEO tiene que saber entender el mundo”

Y la voy a usar.

Mucho. Con mis alumnos en los posgrados en Administración de Negocios. Sobre todo con esos pocos, que siendo perezosos para leer, hacen la inocente preguntita:

Y en mi trabajo profesor… ¿Para qué me va servir leer este libro?

Mi respuesta desde ya: Para que sepas entender el mundo.

lunes, 12 de abril de 2010

Dinero, drogas, y orgullo


Dan Ariely es profesor de Neuroeconomía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. En columnas anteriores he recomendado su libro Predictably Irrational. (Publicado en México con el titulo Las Trampas del Deseo)

El capitulo cuatro es fascinante, pues aborda el conflicto que existe entre las normas de intercambio social y las normas de intercambio mercantil. Reproduzco un ejemplo que el autor utiliza para explicarse, y luego expongo algunas conclusiones y opiniones encaminadas al tema de las drogas.

“Un amigo mío de Miami acompaño en cierta ocasión a un agente de la guardia costera estadounidense. El agente llevaba un fusil AK-47 y no había duda que podía disparar a cualquier lancha cargada de droga. Pero, ¿lo había hecho alguna vez? Le pregunto. Nunca, respondió. De hecho, confesó, existía un pacto implícito: los federales estadounidenses nunca disparaban si los narcotraficantes no lo hacían, pues dijo, su salario no era tan bueno como para arriesgar la vida (Quizás por esto nunca se oye hablar de tiroteos en la llamada “guerra contra las drogas” estadounidense)”

Una aclaración: la inferencia y el entrecomillado en el paréntesis anterior no son míos, son del propio Ariely.

Mis conclusiones: los seres humanos funcionamos con dos chips distintos según el tipo de incentivos que recibimos. Podemos trabajar altruistamente, pero nunca abaratar nuestro trabajo. Tampoco entregamos esa pasión o hasta el heroísmo en nuestras labores únicamente por dinero, sin tener acceso a recompensas como el honor, el reconocimiento social, el orgullo profesional, y el sentido de pertenencia.

Es evidente que los soldados, los marinos, y los policías de elite mexicanos no arriesgan su vida en la lucha contra el crimen organizado por una paga mensual, lo hacen por honor, por pertenencia, por orgullo.

Por eso me preocupa este mundo al revés, donde el reconocimiento social y mediático se les regatea, donde políticos y hablantines apuran para que las fuerzas armadas abandonen las calles, mientras que paralelamente creció toda una corriente de permisividad y subrepticia exaltación social del crimen.

No soy reportero, así es que me resulta difícil juzgar la calidad o la pertinencia de la reciente entrevista que don Julio Scherer presentó, pero no pude dejar de sentirme como si leyera una de aquellas que Mario Vázquez Raña le hacía a Echeverría. Con abrazo incluido y el culto a la personalidad en primera plana.

Tampoco pretendo una apología de la estrategia gubernamental en la guerra contra las drogas; pues me resulta confuso explicármela con tanto mexicano muerto. Mientras que en EUA, que es el mayor mercado mundial, el consumo, la distribución, y hasta el blanqueo son solapados.

Actualmente se discute si es preferible legalizar las drogas, y dedicar cuantiosos recursos para prevenir y desincentivar su consumo. He notado que ese argumento confunde a muchas personas.

Legalizar las drogas nunca será lo deseable; pero sin que alguien pueda garantizarlo, algunos afirman sería ya lo menos peor, dada la situación actual en términos de adicción, volumen económico, demanda, sangre, balas, e impactos mediáticos.

Pero no hay que engañarnos, en el caso que la droga se legalice, el crimen organizado explotará (ya lo hace) y seguramente acrecentará otras industrias ilegales, el secuestro, el robo, la trata de humanos, la pornografía infantil, el fraude, la extorsión, y el terrorismo.

Entonces la lucha que libran las fuerzas armadas mexicanas es una guerra contra el crimen organizado, es una guerra que debe librarse en tanto la droga es ilegal, y que debe ir contra cualquier poder criminal que amenace la razón de ser de un Estado. Es una guerra para que el Estado Mexicano pueda garantizarnos el monopolio de la violencia.

Mucho ayudaríamos los ciudadanos si, independientemente que los narcóticos sean ilegales o legales en el futuro, persistimos en reprobar socialmente al crimen organizado, siendo intolerantes con toda esa retorcida mitología de éxito socioeconómico que le rodea.

Nuestro himno nacional no dice “Un sicario en cada hijo te dio”

(Publicado en La Opinión Milenio. Domingo 11 de Abril 2010)

domingo, 4 de abril de 2010

Dinero maldito que nada vale (con adéndum)


Llorosamente cantaban Pedro, Jorge, y José Alfredo. En aquella hermosa, y especialmente beoda canción “La que se fue”.

Pero, ¿Cuánto vale el dinero? Para algunos vale una vida. Por ejemplo, leo que General Motors ha descontinuado la marca Hummer, y me pregunto también como ha sido posible que muchos jóvenes reclutados por el crimen organizado hayan malbaratado su vida atraídos por un sueño tan banal como, entre otras cosas, poseer uno de estos armatostes hoy pasado de moda.

Recuerdo también haber escuchado a un afamado financista confesar que decidió estudiar economía cuando su padre le dijo que se había acabado el dinero en casa.

Años después caería en la cuenta que, en esencia, el dinero es solo una idea. Una medida comparativa (relativa) de precios entre todos los bienes y servicios que se producen y se venden. Cualquier cosa es, o puede ser dinero, siempre y cuando mucha gente así lo crea.

Estoy consciente que podría parecer chocante escribir sobre el dinero desde un plano meramente conceptual. Sobre todo en un país pobre, y siendo quien escribe, como muchos, alguien que anda en chinga para poder irle remando a la vida.

Pero no estoy abordando la situación financiera de algún país o persona en particular, sino la historia del dinero, la historia económica del mundo. Una historia que siempre nos quitara el aliento. Casi una mezcla de mercenarios económicos al estilo Indiana Jones, alquimistas financieros graduados en Hogwarts, y criminales brillantes como el inolvidable doctor Hannibal Lecter.

Solo en casa, pues mi familia visita parientes en Zacatecas y Guadalajara, nuevamente gocé algunos de mis libros de historia económica.

El triunfo del dinero de Niall Ferguson, catedrático en Harvard y en Oxford; Dinero y poder basado en aquella serie de la BBC de Londres; Famosos casos de estafa y pillaje del Reader´s Digest; Historia del pensamiento económico de Gabriel Gutiérrez; y la cereza del pastel: Teoría general de la ocupación, el interés, y el dinero de papá Keynes. Neta, pocas veces tengo tiempo para ser tan golosote.

Entre estas páginas podemos conocer las monedas más antiguas (600 a.c.) encontradas por el hombre en el templo de Artemisa en Éfeso. Aleaciones de oro y plata, en el anverso la cabeza de un león representando la fuerza, y en el reverso una lechuza que simboliza la sabiduría. También un trozo de arcilla de la antigua Mesopotamia, la inscripción declara que al terminar la cosecha alguien llamado Amil-Mirra pagará 330 medidas de cebada al portador de la tablilla.

La historia del joven matemático Leonardo de Pisa, (llamado también Fibonacci), quien con su obra Liber Abaci, (Libro de Calculo) se convirtió en, digamos, asesor financiero de los primeros comerciantes y usureros del norte de Italia.

Mercaderes en Venecia (remember Shakespeare), la banca judía, los Medici, los Rostchild, la Casa de Contratación de Sevilla, la Compañía de las Indias Orientales, la fiebre holandesa de los tulipanes, y la burbuja de los Mares del Sur.

Bretton Woods, los billetes confederacionistas de la guerra de secesión, la caída del rublo, Pinochet y los Chicago Boys, George Soros y la libra esterlina, Wall Street, Credit Suisse, Barings, los seguros y los derivados, Bonos Chatarra, Hipotecas Subprime, Enron y WorldCom, México y el efecto tequila, la década perdida en las finanzas japonesas. En fin... la novela completa de ese tan tormentoso romance entre los hombres y el dinero.

(Publicado en La Opinión Milenio. Domingo 04 de Abril 2010)

Adéndum:
History of Economic Analysis de Schumpeter; A Treatise on Money tambien de Keynes, The Keynesian Revolution and the Monetarist Counter-Revolution de Johnson, son algunas de las lecturas que tambien sobre historia economica, Javier Ramos Salas, (Urbanista, y economista de The New School for Social Research en NY) recomienda en su mail que hoy recibo.

Mi abrazo fraterno Javier, y nuevamente felicitarte por el Premio Banamex de Historia Regional Mexicana que obtuviste con tu libro "Entre el esplendor y el ocaso algodonero. Un ensayo sobre el desarrollo urbano de Torreón"